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SEVILLA F.C. 2-0 REAL MADRID: NI ROBANDO NI LLORANDO |
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domingo, 04 de noviembre de 2007 |
En la noche de hoy Manolo Jiménez se ha confirmado sobre el césped de su amado Sánchez Pizjuán barriendo al Real Madrid del campo. El único pero al Sevilla de hoy es su escaso acierto de cara a la portería.
La alineación inicial no presentó sorpresas; es la que hubiera postulado cualquier aficionado del Sevilla, quizá con la excepción del lateral derecho que está siendo objeto de justificados debates y polémicas entre la afición. Pero lo cierto es que hoy Dani Alves se ha reivindicado sobre el campo, tanto en el aspecto ofensivo como en el defensivo.
Volvían Drago y Kanouté de sus respectivas enfermerías y Christian Poulsen, que muchos echaban de menos el pasado miércoles, para dar cobertura a la salidas ofensivas de nuestros laterales, especialmente de Dani Alves.
No hubo mucho tiempo para el suspense sobre lo que hoy iba a haber sobre el terreno de juego; a los dos minutos, ya Luisfa remataba de modo espectacular, pero tropezaba el balón en un defensa madridista. Un potente y raso disparo de Poulsen lo detenía Casillas y Keita, a los diecinueve minutos, lograba sobre el campo lo único que le faltaba hacer con el Sevilla. De un espectacular zambombazo batía a Iker Casillas, sin dejar reposar el balón sobre el césped.
El reto con el 1-0 era mantener la puerta de Palop inmaculada, sobre todo con los precedentes del Atlético de Madrid, pero no hubo mucho tiempo de preocuparse de tal objetivo, porque aproximadamente un minuto después, con un toque preciosista Kanouté adelantó un balón, rematándolo con potencia y su rechace lo cazó un ratonero del área, Luis Fabiano.
El Sevilla desde el principio y hasta el final del partido ya no dio opción al Real Madrid, asfixiando a sus jugadores creativos, no dejándolo respirar y lanzándose como balas hacia la meta de Casillas. El Sevilla volvió a ser la apisonadora, la trituradora y se reivindicó como la máquina de fútbol total, donde todo el mundo ataca y defiende, con ardor sobre el campo, solidaridad y la enorme calidad que atesoran en sus botas. En todo momento, el Sevilla estuvo muy agresivo, consciente de que este partido era vital, para no ahondar diferencias en la clasificación ya de por sí holgadas en este momento a favor de sus rivales naturales, Madrid, Villarreal, Valencia y Barcelona.
Las bandas hoy sí funcionaron, especialmente en la segunda mitad, aprovechando los contragolpes. Muy bien Navas e incisivo Capel. Peor Adriano, finalmente reconducido a lateral para cubrir la baja de Crespo por agresión del duro Diarra, que no fue merecedora ni de tarjeta amarilla, según criterio de Álvarez Izquierdo, trencilla que sancionó con más severidad las caídas “teatreras” en el área que la violencia de los madridistas. Por cierto, una de esas caídas teatreras no fue tal, sino un penalti a Navas no sancionado.
Muy lúcido y ágil Manolo Jiménez en los cambios, recomponiendo la defensa, a medida que las bajas se sucedían.
El segundo tiempo fue un recital del Sevilla, que comenzó poniéndosenos claramente de favor, cuando Sergio Ramos se autoexpulsó, quizá de forma un tanto rigurosa por Álvarez Izquierdo, colegiado catalán.
Esta segunda mitad fue un ramillete de fallos clamorosos de oportunidades por parte de nuestros futbolistas, como una en la que Luisfa se quedó solo ante el portero y la mandó al anfiteatro. Pero hoy todo se les podía perdonar y Luisfa se marchó a los vestuarios ovacionado por la afición. Es, definitivamente, su año, y ojalá que nuevamente el del Sevilla FC.
Mención especial para Mosquera que mostró, hoy sí, que es un defensa que sabe cuándo no hay que especular, que sabe ser contundente y dio autoridad en la zaga, con el permiso del “Kaiser” Dragutinovic, Drago, que es sin discusión nuestro nuevo líder ahí atrás.
Nos reiteramos en lo dicho en la crónica pasada, la suerte del Sevilla pasa por hacer de nuestro campo un fortín, y fuera, si se puede, gánese, si no se puede, valórese el empate, que vale un punto, y un punto es más que cero.
Lo mejor, el primer plano de Casillas robado por las cámaras de TV, con una sonrisa de escepticismo e impotencia, y el sonido de fondo de “Vamos, mi Sevilla, vamos campeón…” en las gradas, expresando sin necesidad de pronunciar palabra alguna: “otra vez nos vamos de aquí sin un puto punto” (discúlpeseme el taco, por la justificadísima emoción en las postrimerías del encuentro).
Nimo - HastaLaMuerte.NeT |
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