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Estados de ánimo

Unos decían que si Acosta era una apuesta demasiado arriesgada, ya que se pagaba mucho dinero por alguien demasiado joven. Otros proclamaban que Konko no tenía nivel para ser el que consiguiera hacer olvidar al gran Dani Alves (!!!ni Konko ni Cafú de joven…¡¡¡). Algunos decían que Fernando Navarro ni siquiera llegaba al nivel mínimo exigido para ocupar la banda izquierda de nuestro equipo. Una gran masa ya sentenció a Duscher antes incluso de ser fichado. Y muchos, muchísimos, dijeron tantas barbaridades sobre Romaric que casi mejor no hago alusión a ninguna en particular.

En fin, que me fui de veraneo con ganas de desintoxicarme un poco de tanta negatividad, que sabido es que acrecienta el estrés (la verdadera enfermedad del Siglo XXI) y eso no es nada saludable para el ser humano.

 

Pero hete aquí que nuestro amado equipo (más amado, al menos incondicionalmente, por unos que por otros) comenzó a encadenar en su pretemporada victoria tras victoria, partidazo tras partidazo, ante rivales europeos de primer nivel mundial y los que antes eran malos ya no lo eran tanto, los que antes desilusionaban ahora entusiasmaban, incluso viejos conocidos de nuestra delantera parecían candidatos al Balón de Oro.

Tal fue la cosa que incluso el vilipendiado Romaric pasó de villano a héroe, y el que a muchos les parecía un jugador de pacotilla se fue erigiendo en el nuevo medio centro de moda del fútbol español (y europeo).

En fin, casi para qué nos íbamos a quejar del sobradamente demostrado velerismo de ciertos aficionados. Mejor así, con todo de cara, con todos contentos, y con el equipo viento en popa a toda vela.

Pero es que esto del fútbol, y de la afición al mismo, de los días pre y post partido, de las actitudes, gestos y comportamientos de los aficionados, según el día que toque, no deja de ser algo muy curioso.

Observando detenidamente todo ese ambiente que rodea al universo balompédico, resulta que lo único bueno que ha hecho el Atlético de Madrid en los últimos años (sin que sirva de precedente) fue ese acertado spot publicitario destinado a la captación de nuevos abonados del club, que protagonizaba precisamente su socio nº 1, y, consecuentemente, el de mayor edad.

En el mismo, ese sufrido socio venía a demostrar, más o menos, como su club le daba fuerzas para afrontar con ilusión el día a día (“me da la vida”), la misma ilusión que le sesgaba tras cada derrota (“me la quita”), o que le volvía a devolver con una nueva victoria.

Pues algo así podemos trasladar, haciendo una analogía con el citado spot, a lo que a cierta parte de nuestra afición le sucede con nuestro gran equipo.

Que toca derrota de nuestro equipo, pues tristeza y pesimismo extremo habemus, extensivo al menos hasta que llegue el siguiente domingo y vean qué resultados nos ha deparado la nueva jornada liguera. Y así podremos volver al optimismo o incrementar el estado de desánimo. Y esa actitud volverá a durar hasta el siguiente partido de nuestro Sevilla FC, sea liga/copa/uefa, cambiando o continuando según el resultado que los mismos arrojen. Vamos, lo que se dice confiar en un proyecto a largo plazo, al menos en lo que a la temporada en curso se refiere.

Y esto es lo que le ha sucedido a un gran número de sevillistas tras la primera jornada de liga de la nueva temporada 2008-2009. Supongo que esperaban repetir con soltura ese 0-3 del 7 de mayo del año en curso, o incluso superarlo dado que, tras la pretemporada realizada, el equipo era, ya sí (al menos de momento), mejor que el de la temporada anterior.

Pero, cosas del fútbol, aquí no hay nada fácil, nadie regala nada, y nadie gana por Decreto (que se lo digan si no al Barça, al Milan, o al mismísimo Tottenham, que no han empezado sus ligas de la mejor manera posible).

En fin, que fue pitar el colegiado el final del encuentro y comenzar, todos aquellos que 90 minutos antes idolatraban al equipo y a su técnico, a lanzar las primeras andanadas vía sms, e-mails, posts, etc. Unos auténticos adalides de la coherencia y la homogeneidad.

Eso sí, tranquilos porque si se le gana al Sporting de Gijón por cuatro o cinco a cero volverá, seguro, el gran equipo de pretemporada, pero si pinchamos en el derbi será la mayor cagada de los últimos años, pero si al siguiente partido…

Desde luego, lo que no me cabe en la cabeza es si esos aficionados disfrutan de verdad con el fútbol y el Sevilla FC o su afición es una auténtica condena en vida.

Me cuesta creer que al final iba a tener razón el empalagoso de Jorge “Rabanito” Valdano (y pido perdón por ello) cuando dijo aquello de que el fútbol, en definitiva, al menos para ciertos aficionados, no es más que un “estado de ánimo”.

Draco – HastaLaMuerte.NeT

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