"MAMI, NO SÉ SI LO HE SOÑADO, PERO PUEDO VOLVER A JUGAR..."
El corazón. Otra vez el corazón. Una palabra tan hermosa como temida a la hora de hablar de problemas. El Sevilla FC, en uno de sus chavales, volvía a ser golpeado en su alma el pasado 13 de mayo. Israel Puerto debía detener por completo su actividad física hasta nuevas pruebas. En un control rutinario, su corazón presentó ciertas anomalías que habían de ser estudiadas. Aquel chaval del Viso del Alcor, sin tan siquiera haber cumplido los 18 años, veía tambalearse todo su esfuerzo de siete temporadas en la cantera sevillista. Dos semanas atrás, había firmado en el despacho de Monchi su primer contrato profesional y cuando estaba a punto de jugar la Copa del Rey de juveniles, la fase de ascenso a Segunda División con el Sevilla Atlético y se barruntaba la posibilidad de que hiciera la pretemporada con el primer equipo, tuvo que dejarlo todo. Israel, muy a su pesar, tuvo que guardar las botas en el cajón y sentarse a esperar una llamada. Tras muchas pruebas, el 6 de julio, 55 días después, la agonía cesó: su corazón es apto.
Aquel dichoso viernes. Pudo ser cualquier otro día… o ninguno, pero fue aquel viernes, 13 de mayo de 2011, viernes de feria en su pueblo, el Viso del Alcor, cuando Israel, su familia y amigos –trinidad muy presente en su vida- conocieron la noticia. En ese momento comenzó una pesadilla de la que costó despertarse. Quizás 55 días no sean demasiados, pero en circunstancias agónicas –perder el fútbol para él es perderlo todo- ese tiempo se hace eterno. Los relojes se detienen y todos los días parecen el mismo. El calendario no avanza y si lo hace no es para mejor, sino para ir acostumbrándote a una realidad de la que no quieres ser dueño.
“Me acosté temprano porque al día siguiente tenía que entrenar. Por la mañana teníamos cita en el Sagrado Corazón, con el doctor Vázquez Foncubierta. Mi padre y yo fuimos como a una prueba más. Allí me comentan que voy a tener algún problema para que me firmen el próximo reconocimiento porque presento una pequeña anomalía en el corazón. No entra en detalles y le pasa el informe al doctor del Sevilla”. Israel lo recuerda aún con el pellizco en la garganta. En el coche, padre e hijo, agitados, muestran los ojos enrojecidos. Israel quiere entrenar y lo hace a pesar de que su cabeza ya está en otro sitio. Tras la sesión de trabajo, el médico del filial, Paco Escarti, le cita en su despacho y le explica todo. “Me quedé sólo con las palabras ‘reposo total en un tiempo indefinido’. Prefiero ni traerlo a mi mente. Se me pasaron por mi cabeza todos mis buenos momentos vividos en el fútbol y que ahora quedaban truncados. El sueño de muchos años se hacía añicos en una hora”, reconoce el jugador.
Escarti recuerda de aquel día, no muy lejano aún, que tras recibir el informe cardiológico, “hablamos primero con el entrenador. El futbolista salió luego del entrenamiento y no se lo creía. Es difícil entender para un chaval que tiene que parar cuando se encuentra bien y tiene fuerza. Por mucho que intentas hacerle ver que es una medida preventiva, que posiblemente dure tan sólo un tiempo, el futbolista no lo entiende y llora desconsoladamente. Es imposible convencerlo. No obstante, destacaría la fuerza enorme que tiene. Sin entender exactamente lo que le estábamos diciendo ni tampoco el diagnóstico, él tenía claro que iba a volver a jugar y en poco tiempo como afortunadamente así ha sido”, sonríe. A continuación, el defensa se remonta a cuando se dirigió al vestuario de los técnicos y estaban todos con los ojos llorosos. “A Ramón no le salían las palabras y Galván estaba en el servicio y no tenía fuerzas ni para mirarme”.
Pues a pesar de todo, si hay un testimonio que sacude el interior de cualquiera que intente, leyendo estas líneas, sentir empatía con el joven futbolista, es el de sus padres. Ellos rápidamente reconocen que es el suceso más intenso, en lo negativo y luego en lo positivo, que han vivido. Su padre, Israel, debía mantenerse íntegro y tirar del resto cuando interiormente estaba derrumbado como el que más. Su madre, María Dolores… simplemente porque es su madre y ver día tras día a su hijo en casa meditabundo y sin la alegría que le caracteriza es tan contagioso que a ella le dolía más el pecho que a su propio retoño.
“Me quedé un poco extrañada porque tardaban mucho y no me cogían el teléfono. Cuando llegó el padre y vi esa expresión en su cara… Luego llegó el niño, totalmente roto. Nosotros, como padres, le dijimos que lo importante era su vida y que con el tiempo se iría viendo. No obstante, él lo pasó muy mal porque cambió su dinámica de años de ir todas las mañanas a entrenar por estar aquí metido en casa sin poder hacer nada, ni tan siquiera salir a correr, evoca su madre.
El padre toma la palabra, ambos sentados en el salón de su casa. Se olvidan de que se trata de una entrevista y se muestran cómplices en un ambiente cálido. Cuentan la historia de su familia, más que de su hijo, con una naturalidad que hace salir los sentimientos a borbotones. Los nervios existentes son propios de quien se estremece ante lo que pasa directamente del alma a la boca, sin pasar por la cabeza. “En el Sevilla FC nos han ayudado muchísimo. Yo me quedo con una frase: ‘Si existe una posibilidad de que Israel juegue al fútbol, el Club irá a cualquier parte para intentarlo’. Todos le apoyaron muchísimo. Le llamó Sergio Sánchez, Karanka, Hierro, Marchena, Piqué… sus palabras le sirvieron de mucho”.
El día a día se hace pesado. El tiempo de lesión es indefinido, no es un esguince cualquiera. Israel tuerce el gesto al comentar que “me levantaba cada mañana deseando poder ponerme el chándal e ir entrenar. Los peores momentos fueron cuando veía que mis compañeros triunfaban y yo no podía hacerlo. Por las noches, casi peor. Me quedaba en la cama sin dormir. Algunos días no pude más y me fui a la ciudad deportiva, para al menos estar con mis compañeros, pero fue peor, no duré más de un cuarto de hora y me tuve que volver a casa”.
Su corazón no será impedimento
“Del Nido, que lo telefoneaba prácticamente todas las semanas, nos mandó a Barcelona donde el doctor Evangelista le realizó un reconocimiento muy a fondo”, subraya el padre por ser un momento crucial. Con una sonrisa llega a contar la parte más feliz de la historia: “Nos dijo que lo que tenía no le impedía ser un deportista de elite, con sus reconocimientos anuales o semestrales, pero que podía serlo durante toda la vida mientras los resultados de las pruebas fueran los mismo que tenía en ese momento. Figúrate la cara que se nos quedó a todos. Alex Álvarez, el médico que no acompaño de escalafones inferiores, junto con nosotros dos, éramos tres personas llorando y abrazándonos. No creíamos lo que nos decía el doctor. Alex le hizo la pregunta tres veces –‘¿me está diciendo que Israel puede volver a jugar?-, hasta que le respondió: ‘Israel puede irse de Barcelona a Sevilla corriendo si quiere, que no le tiene ningún problema, y vosotros dos cogéis el avión’. Fue una respuesta que nos sorprendió muchísimo porque yo iba para ver las posibles soluciones para el problema, si es que las hubiese, y me encontré con que mi hijo ya podía volver a jugar”.
En este punto es María Dolores la que interrumpe para contar la premonición de su hijo. “Antes de aquel viaje a Barcelona, Israel se levantó esa mañana y me dijo: ‘Mami, no sé si lo he soñado o lo he pensado, pero me he visto allí y el doctor me decía que no tenía nada, que podía jugar’. Yo agaché la cabeza, le di un beso y le dije ‘ojalá’. Horas más tarde, me llamó por teléfono y me espetó: ‘qué te dije esta mañana… que no tengo nada, que puedo seguir’. María Dolores ya no puede más. La emoción le desborda y rompe a llorar en la entrevista del mismo modo que cuando lo hizo oyendo la voz de su hijo a mil kilómetros de distancia. “¿Seré llorona? Es que él me lo dijo antes de irse”, pronuncia mientras esboza una sonrisa. El padre, por su parte, acostumbrado a la palabra por su trabajo de comercial, reconoce que este tema le supera y no sabe transmitir todo lo que piensa.
Israel ha crecido con todo esto más de lo que dice su DNI. “Me hace ver la vida de otra forma”, incide el futbolista. “Quiero no mirar más atrás. Todo ha vuelto a su cauce, ya me he recuperado y quiero vivir el presente. Sólo pienso en conseguir este año otra liguilla de ascenso con el Sevilla Atlético para poder vivirla y en un futuro tener la posibilidad de llegar al primer equipo, por lo que tanto he luchado”, añade.
El dorsal 5 del filial es un jugador más del plantel, con sus mismas posibilidades y limitaciones. No obstante, los padres del ‘5’ no pueden hacer tabula rasa de sus mentes y borrar todo lo ocurrido. Aunque intentan no pensarlo, los recuerdos y el miedo se apoderan de sus mentes cuando lo ven en el terreno de juego. “Yo lo veo y como ha pasado en otros niños… pienso ¡ay Dios mío! ¿me tocará a mí? Tendremos que vivir con eso”, resumen antes de contar otro de los detalles más llamativos: “Desde aquel momento en que el médico le dijo que podía jugar, Israel no ha vuelto a decir nada en casa del tema. Es como si no hubiera ocurrido, como un recuerdo perdido, algo que no se ha vivido entre nosotros”.
Isra, no obstante, lo sabe, pero no permite anclajes que le frenen en su sueño. “Ni me noté nada cuando tuve que parar, ni me lo noto ahora. Una vez que me dijeron que podía hacer mi vida normal, me he esforzado al máximo en cada entrenamiento y partido sin tener miedo ni pararme a pensar en nada. Solo quiero convertirme en futbolista del Sevilla FC. El sufrir es más de mis padres, el tener el alma en vilo cuando el partido requiere un esfuerzo mayor. Yo no tengo miedo”.
DIAGNÓSTICO Y EVOLUCIÓNDoctor Paco Escarti (médico Sevilla Atlético)
Antes de realizar el reportaje, el médico que más cerca convive con Israel Puerto, Paco Escarti, nos recibe en el centro médico de la ciudad deportiva. Allí atiende a Football Club para explicar los pasos que se han dado con nuestro protagonista.
“A Israel, en una de tantas pruebas que se le hacen a todos nuestros jugadores, se le diagnosticó una insuficiencia tricuspídea de leve a moderada. Es un pequeño defecto que tiene una de las válvulas del corazón que no cierra completamente y provoca que parte de la sangre vuelva hacia atrás. Con esto, lo primero, tras la sospecha diagnóstica, es parar al futbolista de manera preventiva hasta que se le hacen nuevos estudios más complejos, por distintos especialistas, para determinar si esa patología que tiene ha provocado algún tipo de cambio en su corazón, lo que gracias a Dios no ocurrió. Por ello, tuvimos que estar expectantes hasta comprobar que no se había producido una anomalía en el corazón que obligara a dejar la práctica del fútbol”.
¿Y ahora qué?, se le cuestiona. “En principio no hace falta ningún cuidado especial a partir de este momento. Lo único es una revisión periódica. La próxima será ahora en diciembre, con tres meses de competición, para asegurarnos de que no evoluciona esa insuficiencia. Pero no hace falta ningún tratamiento, ni pastillas ni nada específico. Está haciendo un trabajo normal, idéntico al de sus compañeros, que es la mejor señal”.
TESTIMONIOS DE… Ángel Puerto, hermano menor. 9 años. “Se venía muy abajo. “No me decía nada porque estaba triste y yo le apoyaba diciéndole que era una cosa que pasaría en un tiempo”.
Edu de los Santos, amigo. “Por las tardes y noches estaba peor recordando lo que solía hacer a diario y ahora no podía. Se convirtió en un mes y medio de desesperación. Cualquier cosa que pensáramos para animarlo se descartaba porque él no reaccionaba de ninguna manera. Con la buena noticia, fue como si estallase algo en su interior, como una bomba, y volvió a ser el de siempre”.
Jesús Puerto, tío. “Aquel día yo no quería ni encontrármelo. No sabía qué decirle. Él mismo fue quien me llamó y me dio ánimos a mí porque sabía que lo estaba pasando muy mal. Cuando me llamaron desde Barcelona, me puse como los niños chicos a gritar”.
Vicente García, primo. “Se me vino el mundo encima y creí que todo se acababa, su sueño de ser futbolista. El día de la buena nueva, yo estaba con su madre y cuando llegué al coche me la encontré enmorecía, y nos pusimos a llorar todos”.