La muerte
Dadan Narval
28 Agosto 2007
Ha muerto Antonio Puerta y con su muerte, como sucede con cada muerte, se ha abierto una herida que siempre permanecerá abierta. Al contrario de lo que se suele afirmar en el fútbol, aunque en otro sentido, en realidad nadie es sustituible. Cada uno de nosotros, que poblamos este mundo, somos distintos, únicos. Por eso cuando uno de nosotros desaparece, se abre un abismo que nunca podrá ser cerrado. Podemos ser recordados por toda la Historia o ser olvidados al momento, tanto da. Nada matizará el hecho de que hemos desaparecido.
En estos próximos días se recurrirá a los tópicos habituales intentando matizar el sinsentido de la muerte de Antonio Puerta, el sinsentido de cualquier muerte. Se hablará del privilegio de morir sobre el campo, con la camiseta de su club, de que cumplió su mayor sueño, de que siempre permanecerá en el recuerdo de todos, de que estará por siempre presente en la grada, en la mente y en los sueños de aquellos a los que supo hacer felices. Se recordará lo que hizo en vida, su gol al Schalke, sus regates (ahora a las nubes), su casta y pundonor sobre el terreno de juego. Pero nada de ello, desgraciadamente, matizará el hecho de su desaparición.
Soy consciente de que no hago, en estas líneas, más que insistir en la herida que está abierta, que quizá sea más adecuado, en estos momentos, recurrir a discursos más terapéuticos. Pero, lo siento, ni soy capaz ahora de pensar en otra cosa más que en el sinsentido de la muerte, ni quiero hacerlo. Hay algo perverso en los discursos que intentan matizar el dolor que se sufre por lo injusto, por lo indigno. Por ello, me resisto a pensar en otra cosa más que en lo perro que es el destino del hombre –de quien lo escribió- y con ello, al menos rebelarme contra él, gritarle a la cara que es un cerdo, un mierda, que su plan –si es que hay un plan- se puede ir al carajo.
Hoy recuerdo eso que Voland, el Diablo de “El Maestro y Margarita” de Bulgákov afirmaba con media sonrisa:
- El hombre es mortal, pero eso sólo es la mitad del problema. Lo grave es que es mortal de repente.
Ese es el problema. No es sólo que muramos, es que morimos de repente. Nada pasaría si supiéramos cuándo y cómo sucederá nuestra muerte. Podríamos planificar nuestra vida, dotarla de un sentido, usar el tiempo a nuestro favor, y que no corriera en nuestra contra. Pero no. La muerte no atiende a razones y aparece cuando le viene en gana. Puede ser hoy, ahora, o en cien años. Y en su acontecer, como escribió Jean Amery, “anula el sentido de cualquier razón”.
No sé si es cierto eso que se suele decir de que “hay que seguir adelante”. De verdad, no lo sé. Probablemente, al menos, sea lo más adecuado. Pero hoy, ahora, creo que, en honor a la muerte de Puerta (y también al de todas las muertes) es cuando menos exigible un momento de pausa. Que la vida se detenga por unos minutos. Paremos, miremos al cielo y gritemos todos juntos que no es justo, lo que le ha sucedido a Puerta, lo que nos sucederá tarde o temprano a todos nosotros, a todos los que conocemos, a todos… Porque a pesar de que todos somos únicos, en ese último momento, el de la muerte, somos iguales. Como escribió Elias Canetti, “Los días se distinguen, pero la noche tiene un solo nombre”.
Pienso en Puerta, pero pienso en muchos más. En mi abuelo, cuya muerte nunca habré llorado lo suficiente, en aquel amigo que desapareció en Portugal justo cuando acababa de conocer a Pessoa, en tantas y tantas personas que cada día abandonan en este mundo, en las víctimas del terrorismo, de la guerra, de las pateras, en quien cae en la bañera, en el que fallece a los ciento treinta años, da igual. También pienso en los que estamos vivos de momento, porque solo de momento estamos vivos.
Termino el post. Me asomo a la ventana, pensando. Fumo un cigarro. Hace sol. Las sombras producen juegos de colores en el suelo y los pájaros cantan alegres. Un vecino que pasea a su perro me saluda sonriendo al verme en la ventana. Le devuelvo el saludo, sin sonreír, porque pienso que pronto, porque la vida es un instante, él estará muerto y yo también. Tiro la colilla y me digo: “a la mierda la muerte… a la mierda la vida”.
http://www.diariosdefutbol.com/2007/08/28/la-muerte/ «IN MEMORIAM» | RECUERDOS DE ANTONIO PUERTA
No cobró su sueldo millonario
MURIÓ antes de ingresar su primer millón de euros. Su hijo póstumo recibirá las primas de la pasada campaña. Así fue la vida de Puerta, el chico humilde llamado a ser leyenda
SEBASTIAN TORRES
Antonio Puerta, de traje y corbata, con la Giralda y los tejados de Sevilla de fondo. / MARCA
Se lo decía el cristalero del barrio, Juan Carlos Cortés, a sus vecinos: «Ese chaval tiene una buena izquierda». El niño solía bajar por las tardes, con el bocadillo entre las manos y el balón en los pies, a correr, regatear y chutar en aquella plazoleta de Nervión. Allí, a 300 metros del Sánchez Pizjuán, de donde llegaban los rugidos tras los goles de Polster, Súker y Zamorano, se forjaron los sueños de Antonio Puerta.
Al cristalero no le faltaba razón. Manuel Carmona cuenta que su hijo, más o menos de la edad de Puerta, volvía a casa, entre aburrido y desesperado, después del partidillo de cada tarde: «Papá, es imposible; es superior a todos». Claro que, entonces, ninguno de los que admiraban a aquel futbolista en ciernes podía sospechar que llevaba a su propio enemigo dentro del corazón, que aquel niño inquieto y aguerrido sufría una cardiopatía, una suerte de caballo de Troya que acabaría con su vida demasiado pronto.
Antonio José Puerta Pérez nació en Sevilla el 26 de noviembre de 1984. Su padre, Añoño, jugó en el Triana Balompié, en la cantera del Betis, en el Recreativo de Huelva y en el Villarreal CF. Después trabajó en la fábrica de Gillette en el cinturón industrial de Sevilla, que cerró a principios de los 90 para llevarse la producción al extranjero. Su madre, Loli, procede de una familia muy sevillista, hija de Antonio Pérez, cofundador de la peña Al Relente, y criada a los pies del Pizjuán, donde hoy sigue viviendo.
Marcelino Escobar, presidente honorífico de la peña y uno de sus cofundadores, recuerda que la madre del futbolista andaba preocupada por la fragilidad de su hijo menor: «Antonio se crió más pequeño que su hermano mayor», cuenta. La mayor de los hermanos Puerta Pérez es Beatriz, seguida de Raúl, que también hizo sus pinitos en el fútbol, y Antonio, que con el paso del tiempo acabaría adquiriendo una complexión y un físico envidiables.
Comenzó a jugar en el campo de albero de Piscinas Sevilla, en Ciudad Jardín, como interior izquierdo de la AD Nervión, un equipo de categorías inferiores con escuela de fútbol vigilada muy de cerca por los ojeadores del Sevilla. El vicepresidente del club, Manuel Fernández, supo que Puerta tenía madera en cuanto lo vio subir la banda.
Además de tener «muy claro que quería ser futbolista», era sumamente disciplinado y maduro. Y eso propició que, en un club que forma a cientos de futbolistas, a los 11 años, Puerta estuviera entre los cuatro elegidos por el Sevilla FC en diciembre de 1995 para integrarlo en sus escalafones inferiores.
ASCENSO AL SEVILLA
Según el contrato de cesión, la AD Nervión recibiría 150.000 pesetas por cada jugador que disputara 15 partidos en División de Honor de juveniles. Un millón de pesetas por cada 15 partidos con el filial y tres millones por cada futbolista que llegara al Sevilla. Sólo Puerta alcanzó ese objetivo.
Roberto, uno de los que lo acompañó en aquella aventura -ahora en el Pozoblanco, en Tercera División- fue uno de sus amigos más cercanos. Estudiaron también juntos en el colegio de las Salesianas y compartieron adolescencia entre música de Camarón y El Barrio. El niño Puerta soñaba por entonces con emular a uno de los zurdos más carismáticos del momento: Hristo Stoichkov.
«Antonio era noble, alegre y divertido, pero sobre todo, inteligente». Cuando dice inteligente, Roberto no quiere decir que fuera buen estudiante. Descuidó esa faceta, convencido de que si se centraba en ser futbolista lo conseguiría.
Sus perspectivas comenzaron a cumplirse en 4º de ESO, hace algo más de seis años. José Antonio Franco, su tutor, recibió una carta de Pablo Blanco, legendario futbolista del Sevilla y director de la cantera: Puerta, juvenil, había sido incorporado al segundo equipo, el Sevilla Atlético, y ello le obligaba a entrenar en horario escolar. El chico prácticamente olvidó sus estudios para apostar por la carrera deportiva.
Joaquín Caparrós, el entrenador que lo llevó a Primera División, lo ha definido como «la sonrisa del Sevilla». El día de su estreno, frente al Málaga, le hizo contar un chiste en el vestuario para liberarse de los nervios. Manolo Jiménez, el técnico que lo forjó como futbolista, destaca, además de su alegría, su profesionalidad y nobleza.
Jugó su primer partido con el Sevilla Atlético contra el Ciudad de Murcia, en un campo de Dos Hermanas, por obras en la ciudad deportiva. Nada más comenzar, realizó una «jugada espectacular» por la banda y, al centrar, cayó lesionado: el menisco. Cuando se retiraba, al pasar por delante de Jiménez, el chiquillo de 17 años pidió perdón por haberse lastimado. Jiménez se dio cuenta entonces de la clase de persona que tenía delante: «¿Cómo me vas a pedir perdón, hombre? Recupérate, que aquí tienes tu sitio».
En el filial hizo una gran amistad con Kepa Blanco -hoy en el Getafe-, Javi Varas y David Prieto, portero y defensa central, respectivamente, del Sevilla Atlético. Pero seguía manteniendo el contacto con su amigo Roberto y con él iba todas las tardes al gimnasio de Piscinas Sevilla, al lado del viejo campo de albero donde empezó a jugar.
El gimnasio marcaría su vida porque en él conoció, hace unos tres años, a Mar Roldán, monitora de aerobic. Con ella inició una relación que acabará convirtiéndola en la madre de su hijo póstumo. El noviazgo sorprendió en su entorno porque Mar casi le dobla la edad y es madre de dos hijas de un matrimonio anterior, con el ex futbolista del Betis Antonio Casado. Pero Puerta, que desde muy pequeño había mostrado una madurez impropia para su edad, no mostró ninguna duda ante sus amigos: había encontrado a la mujer de su vida.
Antes de convertirse en profesional, se planteó muy seriamente marcharse al Xerez Deportivo, en Segunda División. «Me pidió consejo y le dije que era el sustituto de David Castedo [el lateral izquierdo entonces titular del Sevilla FC]», cuenta Manolo Jiménez: «Puerta podría haber llegado a donde hubiera querido». Hasta a la pasarela. Durante un posado con ropa de Hugo Boss, firma que lo vestía de calle, el fotógrafo le dijo que habría triunfado como modelo de haber querido.
Jesús Rodríguez de Moya, agente de Puerta, está convencido de que el jugador estaba llamado a convertirse en leyenda del sevillismo, aunque jamás imaginó que de esta forma: «Tenía todas las cualidades innatas que se necesitan para ser un líder, el capitán del Sevilla».
Jiménez va un poco más allá y apunta que, aunque sin brazalete, ya ejercía de capitán sobre el campo. «Era una prolongación del entrenador», advierte Jiménez, que invita a observar cómo, en los finales de cada partido, cuando el equipo estaba más agotado y desarmado, siempre se veía a Puerta con los brazos abiertos, gesticulando, la viva imagen del desaliño indumentario, indicándole a cada compañero dónde colocarse.
Su disciplina la recuerda el endocrino del Sevilla, Antonio Escribano, quien lo sometió a más de 60 controles de composición corporal sin que jamás detectara anomalía alguna. «Siempre en su peso, incluso con margen para subir; en ese aspecto, era ejemplar». Y recuerda sus bromas cada vez que subía a la balanza: «A ver el potaje del otro día...».
EL CHICO DE LA COCA-COLA
Rafael, camarero del bar Los Naranjos, da fe de que Puerta se cuidaba. «Cuando venía, se tomaba una Coca-Cola», dice. «Y una nada más», apunta Diego Cordero, el carnicero del barrio, que lo recuerda paseando a su perro, un bóxer, cuando iba a visitar a sus padres.
Puerta convivía con su novia desde hace un año, en el piso de Mar en Sevilla Este, junto a sus dos hijas; la mayor, casi de la misma generación que Puerta. El futbolista tenía un piso en Tomares, en el área metropolitana de Sevilla, y recientemente había adquirido una casa en Los Cerros de Montequinto, una exclusiva urbanización muy cercana a la ciudad deportiva donde viven varios futbolistas sevillistas. Sus amigos cuentan que había marcado una línea muy clara en su vida personal. De hecho, sus antiguos vecinos afirman que no solía visitar el barrio acompañado de su novia.
Llevaba su férrea disciplina hasta el punto de no permitirse caprichos, lujos o excentricidades. Hace muy poco tiempo estrenó coche, un Jeep Grand Cherokee negro.
En julio, Puerta firmó con el Sevilla su renovación hasta el 2012, a razón de 1,2 millones de euros netos por temporada -unos 2,4 millones brutos-, y una cláusula de rescisión de 15 millones de euros, relativamente asequible a la vista del mercado y de su proyección imparable.
Puerta no llegó a cobrar ni un euro de su nuevo contrato, ya que el grueso de las retribuciones se ingresan a final de temporada. Así, este mes de septiembre debía haber percibido lo correspondiente al año pasado, su ficha más las primas por los logros del equipo. Su agente apunta que esas retribuciones se ingresarán en la cuenta del futbolista y pasarán a engrosar su herencia.
Esta es una cuestión muy complicada, porque, además de existir un nasciturus [termino jurídico para referirse al hijo que está por nacer] Puerta y Mar no estaban casados ni inscritos como pareja de hecho ni tampoco habían alcanzado el tiempo mínimo legal de convivencia. Todo apunta a que su futuro hijo, Antonio Puerta Roldán [él pensaba llamarlo Aitor], se convertirá en el principal beneficiario, un asunto en el que parece que existe un acuerdo tácito en la familia.
Los representantes de Puerta iniciaron el jueves los trámites para resolver estas cuestiones, especialmente las que atañen al contrato con el Sevilla y a los seguros suscritos por el club y la Asociación de Futbolistas. «No sabemos cuánto hay que pagar, ni cuándo se va a abonar, ni quién lo tiene que pagar, pero lo básico», dice su agente, «es aclarar a quién se le tiene que pagar».
Mientras se resuelven estos flecos, Sevilla trata de volver a la normalidad tras una muerte que ha agitado su conciencia hasta lograr lo impensable: un abrazo entre el presidente del Sevilla, José María del Nido, y el máximo accionista del Betis, Manuel Ruiz de Lopera.
La muerte de Puerta ha abierto también el debate sobre los riesgos del deporte de competición y las medidas de seguridad en los recintos. En el Ramón Sánchez Pizjuán, prácticamente lleno el sábado 25 de agosto, el día del desvanecimiento de Puerta, no había una UVI móvil. De allí, el futbolista fue trasladado al Hospital Virgen del Rocío en una ambulancia convencional y con cambio de ruta improvisado, porque en un principio se dirigía a la Clínica Sagrado Corazón.
Expertos consultados por este periódico apuntan que, en caso de fallo cardiaco, el traslado del paciente es determinante, pero matizan que salvarle la vida era prácticamente imposible. El agente del futbolista cuenta que los médicos apuntan a «dos milagros». Uno, que saliera del campo por su pie; otro, que no falleciera en el vestuario, tras el segundo shock, por el uso providencial de un desfibrilador.
El primer desmayo de Puerta, en el verano de 2006, se produjo tras el partido conmemorativo del centenario del Badajoz. Cayó al bajar a vestuarios y se abrió una brecha en la ceja izquierda. El segundo ocurrió meses más tarde, en un entrenamiento. Nadie los interpretó como avisos de un desenlace fatal. Sus últimas palabras se las dirigió a Juan Rivas, jefe de los servicios médicos del Sevilla, dentro del vestuario: «Los mareos, los mareos...».
Sus técnicos están convencidos de que, a poco que hubiera disputado varios partidos esta temporada, se habría convertido en el lateral zurdo de la selección y en el máximo referente del sevillismo, a la espera del salto definitivo a alguno de los mejores clubes del mundo.
Una prometedora carrera rota que se recuerda en varios rincones de Sevilla. Las puertas del Pizjuán son altares en su memoria y en la fachada del colegio sus antiguos compañeros le han confeccionado un mural con fotos y cartas. Una de ellas, anónima, recuerda el acierto de su abuelo cuando decía que su zurda daría que hablar.
Empezó a ser así el jueves de Feria de 2006, con el golazo al Schalke 04 en el minuto 100 de las semifinales de la UEFA. «El gol que cambió nuestras vidas», lo han bautizado en Sevilla. Tras su muerte se sigue hablando de la zurda de Antonio Puerta. No sólo lo dijo su abuelo. También el cristalero del barrio, cuando lo veía bajar, bocadillo en mano, con el balón en los pies: «Ese chaval tiene una buena izquierda».
http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2007/619/1188684002.htmlEL SEVILLA FC NO ELIMINARÁ LAS DEDICATORIAS A PUERTA DEBIDO A LA REMODELACIÓN DEL ESTADIO
Viernes, 28 de septiembre de 2007
José María Cruz, consejero y Director General del Sevilla FC, explicó en la tarde del jueves en el programa En Corto, de SFC Radio, los argumentos por los que el club ha estimado no eliminar las dedicatorias en memoria de Antonio Puerta. "Se ha decidido no pintar las puertas del estadio, ya que dentro de unos meses comienza el proceso de remodelación del Sánchez Pizjuán. Sólo se han pintado las puertas de acceso de los delegados UEFA y el resto de dedicatorias, de momento, no se van a eliminar", afirmó Cruz.
Además, el Director General apuntó que "los recuerdos de Puerta depositados en los aledaños del estadio están guardados a la espera de decidir dónde ubicarlos, un asunto que está estudiado el Consejo".
http://www.sevillafc.es/_www/actualidad.php?op=not&id=9066&webSFC=aec81297b681e5d56c1c8c23499b9fffABC de Sevilla
Mar Roldán
África Medina Rubio. Sevilla
19-9-2007 14:10:25
Son las 4.30 de la madrugada, 16 de septiembre. Una vez más despierto entre sollozos, son ya varias las noches que me ocurre desde hace un mes. Mi hijo Pablo A. cayó ante la portería de fútbol de su colegio el 16 de abril de 1998; la misma enfermedad fulminante me hizo espectadora de la agonía de todo un colegio lleno de niños y profesores angustiados, y de un servicio del 061 que se desesperaba mientras la vida de mi niño de catorce años se les iba de las manos...
Desde que mi otro hijo y yo vimos como Antonio Puerta caía ante nuestros atónitos ojos, la historia se repite, mi pesadilla continúa, sueño que mi hijo esta mal, que hay que llevarlo a revisión, que sigue mi eterna espera... que al final ya no está... y despierto llorando pero aliviada, porque ya pasó,no he de volver a vivir aquello,el tiempo me ha curado de tantas heridas... Ahora eres tú, mi querida Mar, la que tendrás que acostumbrarte, la que despertará cada mañana un poco mejor, más tranquila, sufriendo porque le echas de menos, porque no puedes verle ni disfrutarle, pero sabiendo que la vida continúa, y que la chica que yo conocí hace justo venticuatro años, estando embarazada de este niño que se me fue, (el 25 de este mes es su cumple), aquella que bailaba, sonreía y soñaba... y que ahora lleva una nueva vida en sus entrañas. (qué regalo es la vida), acunará en sus brazos,volverá a bailar y a sonreír...
Un día, cuando pase un tiempo, despertarás, y de un salto te levantarás, sonreirás a la vida, desearás vivir, salir, sonreir, trabajar, soñar... y aquella frase que me dijeron en el entierro de mi hijo cobra sentido: «El sol sale hoy para ti»... y el mundo volverá a gozar de la alegría de tenerte, con esa carita de ángel y cuerpo de eterna adolescente, impartiendo tus clases, dejándonos embobados tras los cristales al ver el arte que llevas dentro de ti . La vida sigue, mi niña Mar, y hoy he querido traerte en estas líneas un mensaje de esperanza: volverás a ser feliz. Un abrazo enorme.
http://www.abc.es/hemeroteca/historico-19-...4884138758.htmlAntonio Puerta, In memoriam
Escrito por Luis Vilches
viernes, 31 de agosto de 2007
Ése es el espíritu con el que los compañeros de Antonio Puerta deben encarar la importantísima cita de esta noche. Todo pasa y todo queda, y la pérdida incomprensible de un amigo nunca se borrará de quienes dentro de unas horas echen de menos al auténtico orgullo de Nervión, aquél que puso la primera piedra de las finales europeas en sevillista con un zambombazo antológico un jueves de Feria. Antonio abrió la puerta –estaba escrito—de la gloria europea, permitió a miles de aficionados comprobar que las grandes citas también se disputan, se juegan y se ganan y no sólo se ven por televisión, y dio paso a estos quince meses para el recuerdo, algo impensable incluso para el más optimista.
Hoy, el Sevilla vuelve a Mónaco 371 días después de aquella espléndida victoria sobre el que muchos creían imbatible Barcelona de Ronaldinho, Messi y Eto’o. Un triunfo coronado por la más excelsa de las jugadas que se recuerdan con la casaca nervionense y que tuvo como protagonista a la zurda de diamantes un año antes de que comenzase su fatal agonía.
Dentro de unas horas, el Sevilla de Juande, el de los cinco títulos, el que todo lo que juega lo gana, el mejor equipo del mundo, tendrá que guardar el luto, tragarse las lágrimas, y sacar a relucir la casta y el coraje que anuncia su himno para darle el mejor de los homenajes a su compañero caído con las botas puestas. Hay que ganar, porque todo el mundo del fútbol lamenta la pérdida de un jugador admirado incluso por el eterno rival. Porque su muerte se llora hasta en la lejana cuenca del Rhur, donde habita su víctima de Gelserkirchen. Porque el llanto y los lamentos tienen que dar paso a ese ‘vamos mi Sevilla, vamos campeón’ que iluminó la senda victoriosa de este equipo. Porque Antonio Puerta nunca vio perder al Sevilla una final, y hacerlo esta noche sería fallarle a su memoria.
http://www.orgullodenervion.com/content/view/1246/1/