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¡No, Por Favor!

Y vaya, por supuesto, y también, por delante, que en ningún caso soy mejor que nadie para poder creer que mis indicaciones ostentan algún grado de verdad absoluta que no posean las de otras personas.

Y dicho, y puntualizado lo cual, me permito, con el mayor grado de humildad del que soy capaz de hacer racional uso, pediros, a muchos de vosotros: ¡no, por favor!.

¡No, por favor!. No sigáis por ese camino de inconformidad casi permanente con muchas de las decisiones que se vienen adoptando en el seno de nuestro Sevilla FC.

No os pido que calléis, agachéis la cabeza y no articuléis palabra alguna respecto a los acuerdos que nuestros dirigentes vienen adoptando en las distintas parcelas de nuestro amado club.

No os solicito que jamás critiquéis las gestiones y operaciones que nuestros mandatarios ejecuten a la hora de gestionar el día a día, deportivo, social y económico, de nuestro querido equipo.

No os estoy rogando que seáis borregos obedientes. Nada más lejos de la realidad. Hay que opinar, libremente, sin coacciones, a veces a favor y a veces en contra. Nadie es perfecto y nadie está libre de cometer errores. Incluidos, por supuesto, todas las personas que tienen en sus manos los designios de nuestra querida entidad.

Se trata de no veros, a muchos, cada día más viciados. Cada día con más ansiedad. Cada día con más malos humos y menos expectativas ilusionantes.

¡No, por favor!. Por ahí no. De esta manera no.

No es este el sevillismo que yo conocí en las calles de Sevilla en aquel caluroso verano de mediados de los noventa. No este el sevillismo con el que yo lloré cuando nos llegó el momento de perder la categoría. No es este el sevillismo con el yo apreté los puños en las gradas del Pizjuán durante aquellos dos largos años de durísima travesía en segunda división.

No, definitivamente no lo es.

Esos sevillistas, esa hinchada, se hubiera dejado vender su alma al diablo siquiera por lograr volver a jugar la Copa de la UEFA alguna que otra vez. Hubiera sido capaz de dar su propia vida por que nadie nos insinuara siquiera, nunca más, que alguna vez tendríamos que irnos del Ramón Sánchez Pizjuán. Esa afición hubiera sido capaz de hipotecar sus bienes más preciados por ver algún día una copa rojiblanca engalanando las calles de nuestra ciudad.

Esta, la que últimamente vengo conociendo, critica casi por sistema los posibles fichajes del hombre que nos salvó de la mediocridad deportiva. Atiza, día sí y día también, a la persona que tomó las riendas del club cuando los demás miraban para otro lado. Golpean a muchos de los cargos de nuestro equipo que han conseguido situar al mismo al más alto nivel de las entidades deportivas nacionales y europeas.

Esta, con todo el dolor de mi rojiblanco corazón, hace todo eso después de haber levantado cinco títulos, tres de ellos europeos, ganados después de disputar seis finales consecutivas, cuatro de ellas europeas.
Esta, y no sabéis cuánta pena me causa, enarbola estas críticas casi sistemáticas después de conocer que nuestro estadio va a ser remodelado para no tener que irnos nunca de nuestro hogar.

¡No, por favor!. Un momento. Deteneos, aquellos que lo necesitéis, un segundo a reflexionar si, de verdad, de corazón, son justas tantas, y tan continuadas, desaprobaciones a las decisiones que se vienen tomando en el seno de nuestro equipo y que, no lo olvidemos nunca, vienen de personas tan sevillistas como tú o como yo.

Es que casi no puedo creerlo. Casi no me llega la mente (finita, eso sí, la mía como ninguna otra) para poder comprenderlo.

Pero si yo reboso de ilusión. Si, día a día, no quepo en mí con mi equipo y los logros que, en tan poco tiempo, estamos consiguiendo. Cinco títulos Díos mío, ¡cinco!. Una plantilla nunca antes soñada. Un estadio que va a quedar de dulce. Un proyecto de ciudad deportiva. Una economía saneada y potente. Televisión y radio de los sevillistas, además de periódicos y revistas. ¡¡¡Igualito que hace un lustro!!!.

Y claro que los que mandan y rigen los destinos de nuestro club cometen sus fallos. Estaría bueno que no los tuvieran. Claro que muchas veces se equivocan. ¡Y quien no!. Pero ahí andan, intentando mejorar día a día, aumentando sus ganas de ver a un Sevilla FC cada día más poderoso y estable.

Y vendrán más fallos. Pero también muchos más aciertos. Y seguiremos avanzando. Porque el proyecto es sólido, muy sólido diría yo. Pero os necesitamos a todos. Nos hacemos falta todos.

Hay que ser exigentes, claro que sí. Nunca hay que dejar esa perspectiva crítica constructiva que, bien entendida, ayuda a crecer día a día. Pero, por favor, no convirtamos esa exigencia en un continuo estado de ansiedad que nos nuble la mente y nos impida disfrutar del mejor momento de la historia de nuestro club.

¡No, por favor!. Nosotros nunca hemos sido así. Giremos el timón, reconduzcamos nuestro espíritu y disfrutemos cada instante del día de la grandísima suerte que tenemos por ser sevillistas, de la gran dicha que supone tener este escudo grabado a fuego en nuestros corazones.

No nos aborreguemos, por supuesto. Pero tampoco nos instalemos en la queja y el gesto torcido per se.

Vamos amigos, compañeros, sevillistas. Somos, hemos sido, y quiero que sigamos siendo, una afición ejemplar y diferente a todas las demás que existan en el planeta fútbol.

Nos merecemos disfrutar del momento en el que estamos. Es absolutamente imperdonable no saborear del estado en el que nos encontramos.

Y hasta aquí puedo escribir (que diría, adaptado, Mayra Gómez Kemp).

Desde aquí que cada uno siga el camino que crea que debe seguir.

Yo, y los que más cercanamente me rodean, prometemos disfrutar cada momento que nos toque vivir como sevillistas. Aseveramos que no desperdiciaremos nuestras energías en disputas sin sentido y en enfados pueriles y sistemáticos, sin que ello signifique no proclamar nuestro eventual desacuerdo cuando algún hecho puntual no nos guste. Y juramos amor eterno a un club, un escudo y unos colores que no merecen otra cosa que fidelidad y respeto.

Tú, por supuesto, y con todo el derecho del mundo, tienes el libre albedrío que Díos te ha dado para actuar como buenamente entiendas que debes hacerlo, aunque eso sí, un insignificante sevillista como Draco, si es que eres de esos que antes he comentado, te pida, casi te implore, un basta ya, un ¡no, por favor!.

Draco – HastaLaMuerte.NeT

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