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La mejor temporada de nuestra historia |
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Opinión -
Draco
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viernes, 06 de junio de 2008 |
Quien me iba a decir que, después de todo lo logrado la pasada temporada, después del despliegue tan brutal de fútbol, espectáculo y títulos desarrollado a lo largo y ancho del curso futbolístico 2006/2007, sería la siguiente campaña la que iba a ser considerada por mi persona como la mejor de nuestra historia.
Y no, no me he vuelto majareta, ni tampoco pretendo hacer demagogia barata, se trata tan solo de ser consciente de cómo ha transcurrido toda esta campaña desde sus albores hasta su ocaso.
Los dos cursos futbolísticos que han precedido al recién finalizado se apoyaron en varios factores conjuntos que, aunados entre sí, dieron como fruto un par de temporadas absolutamente excepcionales y casi irrepetibles.
Es evidente que cuando se alzan cinco copas al cielo parece difícil presuponer que una campaña sin títulos pueda ser capaz de ser considerada como mejor que aquellas, pero, en este caso, al menos por mi parte, así ha sido.
Decía que en las temporadas 2005/2006 y 2006/2007 concurrieron, al unísono, una serie de factores que, como un bloque sólido y compacto, forjaron una armadura casi indestructible capaz de llevar a nuestro amado equipo a las más altas cotas jamás soñadas.
Pero es que esos factores eran muchos, muy poderosos, y ninguno falló o desentonó del resto del conjunto.
Por una parte estaba el romántico momento que suponía nuestro histórico centenario, con sus festejos, con sus actos y conmemoraciones, y, sobre todo, con ese Himno Mágico creado por el Arrebato que mucho tuvo que ver en ese clima casi sobrenatural que se creaba antes, durante y después de cada partido.
Por otra parte se aunaba una grada deseosa de truncar ese medio siglo sin saborear un solo título, sin lograr traer a nuestras vitrinas una sola copa que pudiese engordar nuestro exiguo palmarés. Una afición que, a poco que su equipo iba logrando superar rondas en las distintas competiciones, y sumar puntos en la liga doméstica, respondía con una entrega total y absoluta.
Y, por supuesto, teníamos una plantilla enorme, en su calidad humana y futbolística, y con un hambre desmedida por ganar algo. Idéntico hambre al que poseía su entrenador, un gran gestor de recursos humanos al que le faltaba el broche, en forma de título, para poder consolidarse como un grande de los banquillos.
Todo ello, por supuesto, respaldado por una magnífica Dirección Deportiva que parcheaba, cada vez que hacía falta, aquellas posiciones más débiles dentro de la primera plantilla. Sin olvidarnos de un Consejo de Administración que apretaba e ilusionaba como ningún otro dentro del panorama futbolero patrio.
Y todas esas partes, sin excepción, se movían al mismo tiempo sin desentonar unas respecto de las otras. Y así fue durante esas dos excelsas campañas, donde todo salía rodado, donde casi nada solía torcerse, y donde hasta la Diosa Fortuna decidió permanecer a nuestro lado en ciertos momentos puntuales. Así, es fácil entender los éxitos de un club cada vez mejor estructurado y más profesional.
Pero he aquí que el título de Copa del Rey pondría el epílogo a tan impoluta senda. Y he aquí la sucesión de desgraciados hechos, y circunstancias varias, que acontecieron desde entonces en nuestro primer plantel:
- Ya en la celebración del título de Copa del Rey comenzaron a surgir los primeros roces de nuestro entrenador con nuestro Consejo de Administración por el tema de su millonaria renovación.
- Daniel Alves comenzó un durísimo pulso con nuestro club para forzar su salida hacia donde fuera, adoptando, por momentos, una actitud absolutamente lamentable hacia el equipo que le pagaba.
- Las vacaciones, dada la necesidad de preparar la Supercopa de España y la previa de la Champions League, brillaron por su cortísima duración, lo cual, teniendo en cuenta, además, que el Sevilla FC fue el equipo de Europa que más partidos había disputado la campaña anterior, y que más tarde terminó (junto con el Getafe) la misma, acentuó aún más lo determinante de esta casi ausencia de descanso.
- Nuestro entrenador comenzó, justo antes de la vuelta de la Supercopa de España ante en Real Madrid, su particular coqueteo con los ingleses del Tottenham, comienzo de una cadena de despropósitos hacia el club que lo había encumbrado como jamás se ha visto en esto del fútbol.
- Nuestra excelente e impagable Dirección Deportiva afina menos que otros años con los fichajes y muchos de ellos no van a dar el rendimiento que se esperaba de los mismos en una temporada tan importante.
- Nuestro capitán anuncia que no va a comenzar la temporada debido a la lesión en la rodilla que venía arrastrando desde antes de la final de la Copa del Rey; después, su baja se extendería durante toda la temporada.
- Llega el peor momento de la campaña, cuando esta apenas sí ha comenzado, y el más duro que yo recuerdo como sevillista: se nos va Antonio Puerta, canterano de oro, grandísimo futbolista, muchísima mejor persona, y el vacío que deja en el campo y en el vestuario será ya perenne durante el resto de la temporada.
- Se juega un dolorosísimo partido de Supercopa de Europa ante el Milan, y se pierde, como no podía ser de otra manera, la primera final de todas las disputadas hasta entonces en este último período.
- La afición, dolorida como nadie por todo lo sucedido, aumenta su grado de disconformidad por esos precios, y formato, del abono para los partidos de la Champions League, que se suma al descontento inicial por el aumento de los precios que los abonos ordinarios experimentaron antes del inicio de la temporada.
- Nuestro entrenador comienza a hacer cosas extrañas con las alineaciones y logra encadenar hasta cuatro derrotas consecutivas en liga, una de las peores rachas que se recordaban desde hacía ya mucho tiempo; comienza la marginación de ciertos futbolistas; lanza dardos a la Dirección Deportiva y al Consejo de Administración; y, por último, decide abandonar la nave en plena travesía para asentarse en Londres durante unos años.
- Le toca hacerse cargo de la nave a Manolo Jiménez, experto en el manejo de filiales, pero con nula experiencia en la dirección de conjuntos tan importantes como el primer plantel sevillista.
- Las lesiones se ceban con nuestra defensa, sobre todo con sus centrales, como no lo habían hecho en las dos campañas anteriores, asolando una posición tan comprometida como la descrita, y que, desde un principio, tanto echaba de menos a nuestro gran Javi Navarro.
- La Dirección Deportiva decide, por primera vez en mucho tiempo, y por diversas circunstancias, no hacer uso del mercado invernal para reforzar ese tocado eje defensivo, aunque sí salen (mediante provechosas operaciones) hasta tres futbolistas del plantel.
- Las decisiones de nuestro entrenador comienzan a ser discutidas, su relación con la prensa empeora por momentos, y la actitud de esta con el bueno de Manolo raya, por momentos, la indecencia.
- El Denia avisa. El Barça acaba con una racha inquebrantable, hasta entonces, en lo que a eliminatorias a doble partido se refería. Se dice adiós prematuramente a nuestra defensa del título de la Copa del Rey.
- Llegan los octavos de la Champions, la competición donde se ha puesto toda la ilusión del mundo, y más siendo el Fenerbahçe el rival que nos cerraba el paso hacia los Cuartos de Final. Se pierde de la manera más dolorosa posible, en los penaltis, después de desperdiciar una clara ventaja, en nuestro campo, ante nuestra afición, y con el héroe de Glasgow bajo los palos, sin que esta vez pudiese obrar milagro alguno.
- Se depositan las esperanzas en la liga, pero el destino quiere que fallemos en los dos partidos claves del momento, ante el Atlético y ante el Almería. Lo que más duele es que también se pierde en casa, ante la afición, y olvidando las señas de identidad que nos llevaron a la gloria meses atrás.
- La situación es casi irreversible, parece que no se logrará ni entrar en la Intertoto, que Manolo Jiménez llegará a final de temporada a duras penas, y que la quinta temporada consecutiva en Europa será una simple quimera.
Y hasta aquí. Porque, a partir de entonces, surge el Sevilla FC de la raza, el de la casta y el coraje, el del amor propio, el de apretar los dientes hasta el final, el de no bajar nunca los brazos, y conseguimos encadenar cuatro victorias consecutivas, logrando con suficiencia un quinto puesto que nos da billete directo para la próxima edición de la Copa de la UEFA, y terminando empatados a puntos con el cuarto clasificado.
Y yo, aunque no se realmente que pensareis ustedes, dudo muy mucho que se vuelvan a dar un cúmulo de circunstancias negativas tan tremendas para nuestro equipo en una misma temporada. Todas juntitas, una tras otra, de principio a fin de curso.
Años atrás, cuando este equipo se resfriaba, cuando se atisbaban negros nubarrones sobre el Ramón Sánchez Pizjuán, cuando surgían las dudas en alguna de las parcelas del club, todos nos íbamos haciendo a la idea del tremendo sufrimiento que, ese año, clasificatoriamente hablando, nos iba a tocar vivir.
Ahora, tras una temporada absolutamente increíble en cuanto a hechos desgraciados soportados, hemos acabado con los mismos puntos que un equipo clasificado para la mejor competición continental que existe.
Ahora, en este bendito periodo de bonanza que nos está tocando vivir, y que esperemos no divisemos jamás su ocaso, los más tremendos huracanes no han sido capaces de hacer zozobrar y hundir la nave rojiblanca.
Ahora, justo ahora, me doy cuenta de que ya nos hemos convertido en un equipo grande como pocos, al que un año absolutamente infernal le depara un quinto puesto por el que tiempo atrás colapsábamos la Puerta de Jerez.
Ahora, en este preciso momento, me percaté de que la mejor temporada de nuestra historia no fue la pasada, con tres títulos y un tercer puesto en nuestra liga particular conseguidos en un entorno de circunstancias casi perfecto, sino la recién finalizada campaña, donde la vida, esa que a veces se vuelve muy perra, nos machacó y trató de hundirnos una y otra vez, pero no pudo impedir que el año que viene el Sevilla FC vuelva a pasearse por Europa.
¡¡Ay mi Sevilla!!, ¡qué grande te has hecho en estos años!.
¡¡Ay mi Sevilla!!, ¡hay que ver como te quiero!.
Draco - HastaLaMuerte.NeT |
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