Ni se te ocurra despreciar a la princesa de mis sueños Imprimir E-Mail
Opinión - Draco
viernes, 30 de mayo de 2008
ImageComo si de una ruleta rusa se tratara, gira y gira, y vuelve a girar, la vida misma, y nunca sabes qué te va a salir, qué te va a tocar.

Aunque claro, a día de hoy, ya se sabe que es lo que finalmente nos ha deparado la recién finalizada temporada futbolística: un quinto puesto en la liga doméstica que nos da billete directo hacia la próxima edición de la segunda competición europea en importancia.
Está claro. Es evidente. La máxima competición continental por clubes de Europa, y la más prestigiosa del mundo en este formato, es, y será, la Liga de Campeones. No solo se trata de que a nivel deportivo sea capaz de reunir a los más selectos conjuntos del panorama futbolístico del viejo continente, sino que económicamente no tiene parangón conocido en cuanto a los dividendos que es capaz de generar para los equipos participantes. ¡Como para no querer disputarla!.

Y así, aislada del resto, empequeñecida por la luminosidad que desprende su hermana mayor, queda ella, la segunda competición organizada por la UEFA, la de la copa que porta su nombre.

Más humilde, no tiene tantos patrocinadores tras de sí, ni suele reunir desde su comienzo a los mejores conjuntos del año anterior. Tampoco genera tan excelsos dividendos como su superiora, y hay que disputar más encuentros para poder alzarla al cielo.

Sin embargo, en esa absoluta desproporción entre todos esos parámetros comentados, en esa tremenda marginación que, desde muchos lugares, hacen de la segunda respecto a la primera, en esa oscura soledad que, desde su nacimiento, se sabía consustancial a su entidad, desde ahí, justamente, es desde donde comienza a brillar por sí misma.

Asumida su inferioridad, aceptado su segundo plano, comienza cada año a reclutar equipo tras equipo, algunos muy buenos, pero otros grandes de verdad, que la temporada anterior no tuvieron su año, pero que en la siguiente han formado un conjunto con aspiraciones de Champions que disputará la segunda competición continental en importancia (¿a alguien le suena el Bayern Munich de esta pasada edición, o el Milan para la venidera? -vamos, equipitos de andar por casa-).

Fase tras fase, eliminatoria tras eliminatoria, va seleccionando conjuntos, los mejores, los más osados, a los que, incluso, a mitad de la competición, desean unirse casi una decena de equipos que esa misma temporada decidieron comenzarla disputando la Champions.

Poco a poco, la criba va siendo más y más exigente, más y más minuciosa. Hasta llegar a la final. Y he aquí que ocurre el milagro, he aquí que el agua se convierte en vino, la oruga en mariposa, el patito feo en un bello cisne. Y la que era competición menor, casi sin valor, comienza a brillar, con fuerza, con majestuosidad, como se merecía haberlo hecho desde un principio, y no le han dejado hacer hasta el final.

Y así, frente al resplandor que desprenden sus bordes cuando la colocan a pie de campo, ante el colorido de las gradas que aportan dos enfervorecidas aficiones, frente al engalanado estadio que presume de su fortuna por haber sido designado para tan magno acontecimiento, los detractores claudican, los críticos alaban, los ciegos ven, y todos, absolutamente todos, disfrutan.

Y al finalizar el encuentro, ante la gloria del triunfador, bajo la colorida lluvia arcoiris de papelillos que inunda a los nuevos campeones, es alzada al cielo por los brazos del afortunado capitán de turno, y allí, en todo lo alto, ve como la gente aplaude, grita, anima, pero sobre todo, reconoce la majestuosidad de un trofeo, de un torneo, cuyos grandes campeones, a lo largo de su extensa historia, dignifican con sus históricos nombres la grandeza de esta competición.

Porque aunque todo el mundo considere a la Champions League la Reina de las competiciones europeas, para mí, por toda la gloria que nos ha dado, por todos los momentos que, gracias a ella hemos podido vivir, y, porqué no decirlo, por aquellos que aún nos depare en el futuro, la Copa de la UEFA siempre será la Princesa de mis Sueños. Así que nunca, jamás, se te ocurra despreciarla ante mi persona. No podría permitirlo.

Draco - HastaLaMuerte.NeT
 
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