|
Sevillismo crónico |
|
|
|
Opinión -
Draco
|
|
sábado, 07 de junio de 2008 |
Estoy enfermo. Muy enfermo según los últimos diagnósticos. Es más, la enfermedad que padezco la llevo arrastrando ya muchos años, muchos lustros y hasta décadas.
Ya venía mostrando síntomas desde mi más tierna infancia, pero fue en el verano de 1995 cuando mis padres empezaron a notarlo, a sospechar que algo le ocurría a su hijo. Fue en ese caluroso mes de mitad de la década de los noventa cuando vieron como su descendiente, sin pensárselo dos veces, cogía rumbo a Sevilla en medio de sus vacaciones estivales para dejarse la garganta por un sentimiento eterno. Como, bandera en mano, bufanda al cuello (¡y para bufanditas estaba el tiempo!), y pinturas de guerra en piel, apretaba los puños por defender lo que más quiso jamás.
Tras ese episodio permanecieron alerta para ver si detectaban nuevos, y sintomáticos, brotes de aquel virus que parecía recorrer las entrañas de su hijo.
Y fue apenas un par de años más tarde cuando obtuvieron la evidencia de que algo grave le sucedía a su vástago. Fue a partir de septiembre de 1997 cuando mi enfermedad se acentuó aún más. Fue a partir de entonces cuando se percataron de que, realmente, algo curioso me sucedía.
Resulta que, en los nefastos tiempos que a muchos nos tocó vivir, mi afluencia por el barrio de Nervión los sábados y domingos comprendidos entre 1997 y 1999 se multiplicaron de una manera desmesurada en comparación a como venía siendo anteriormente. Bueno, en realidad, no diría tanto en cantidad como en calidad: mis pulsaciones eran más continuas que en años anteriores, mi adrenalina fluía con más fuerza que antes, y mi pasión alcanzaba cotas antes insospechadas.
Y así continué durante esos años. Siguiendo el acrecentamiento de los síntomas de mi padecimiento hasta que llegamos al cénit a mediados del año 2001, cuando, al más puro estilo spiderman, y su sentido arácnido, algo me decía que sucesos muy gordos iban a dar comienzo entonces, aumentando aún más mi enfermedad.
Fue en ese instante cuando mis progenitores decidieron llevarme a un especialista en la materia, a alguien con conocida y respetada reputación en el asunto, con muchos años de experiencia a sus espaldas: mi abuelo.
Y, al fin, fue él el que consiguió dar con el diagnóstico acertado: padecía sevillismo crónico. Y además, lo padecía desde muy temprana edad.
Le preguntaron mis padres si existía algún remedio conocido para rebajar los efectos de tal padecimiento, pero mi abuelo les hizo ver con una claridad meridiana que no había nada que hacer, que aquello era algo crónico, sin cura conocida y que era posible incluso que con el paso de los años se acentuara aún más si cabe.
Pues sabéis una cosa amigos, yo es este año cuando me estoy dando cuenta de que realmente mi abuelo tenía razón, de que estoy enfermo, muy enfermo, terriblemente enfermo, y que mi padecimiento, mi sevillismo crónico no solo no tiene cura sino que noto que, efectivamente, va a más.
Porque es ahora, justo ahora, cuando por fin he conocido en mis propias carnes lo que es la más absoluta de las glorias, y cuando parece que nuevos nubarrones se ciernen sobre uno de los sentimientos que más arraigados tengo en mi corazón, precisamente ahora, tras cada dolorosa derrota, tras cada claudicamiento en campos y tierras ajenas, cuando más me late mi blanquirojo corazón.
Porque es ahora, cuando tras las mieles parecen llegar las hieles, cuando más fuerzas se me están despertando de nuevo en mi interior, cuando más adrelanina rojiblanca parece que vuelve a fluir por mis venas y mi sistema circulatorio.
Está claro, no puede ser otra cosa, estoy realmente mal, enfermo perdido. Cómo es posible que ahora que conozco el Valhalla futbolístico, pueda sentir como mis músculos se tensan como nunca en cuanto mis retinas captan ese escudo sobre las camisetas de once elegidos en un terreno de juego.
Cómo si no explicar que cada día estoy más ilusionado con que lleguen las próximas eliminatorias de la más alta competición que existe a día de hoy. Cómo si no explicar que obtener un 5º o 6º puesto que me permita revivir viejas alegrías el año próximo me siga ilusionando sobremanera. Cómo si no explicar que cuando pienso en el futuro, y en el próximo curso, solo vea optimismo y nunca, jamás, derrotismo.
Es eso, mi abuelo tenía razón. Estoy mal, muy mal, cada vez peor diría yo. Así que si tú, que también compartes sentimientos similares al mío pero no de mi misma manera, no te explicas qué demonios de manera de actuar tiene el enajenado de Draco, no te preocupes, tan solo sucede que quizás tú no estés tan enfermo como yo, o tal vez no has empezado a desarrollar esta bendita locura que a mi me inunda por completo.
En ese caso, sigue al lado de los tuyos, de tu sentimiento, sin decaer jamás, apoyando más en las duras que en las maduras, poco a poco, y ya verás como, algún día, resulta que te fortalece más tus convicciones una derrota que una victoria, un batacazo que un triunfo. Ese será el momento en que sabrás que lo tuyo también es crónico, sin cura, y de por vida.
Y sabéis una cosa más, me alegro mucho, muchísimo, de que no exista vacuna conocida para este padecimiento, es más, ojalá me siga aumentando con el paso de los años y pueda contagiárselo a mis hijos. Aunque claro, tampoco me echéis mucha cuenta, al fin y al cabo estoy perdidamente enfermo, sevillismo crónico le llaman. Gracias Díos mío.
Draco - HastaLaMuerte.NeT |
|
|
|