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Opinión -
Nacho Mateos
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lunes, 14 de abril de 2008 |
Continuamos aún agarrándonos, en una temporada en la que sucedieron demasiadas cosas anormales, a las posibilidades reales de cumplir nuestro objetivo. Tras la victoria del Sevilla FC ayer en Mallorca y el empate del Atlético en Valladolid, la Champions League está más cerca, y por lo tanto el Sevillismo tenemos todo el derecho del mundo a seguir peleándola, y también a que se nos respete por ello.
Está claro, y hasta lo entiendo porque hay que llenar numerosas páginas de periódicos y muchas más de tebeos, que nos espera un veranito de muy señor mío. Pero es que algunos se han adelantado al calor y llevan ya bastante tiempo no sólo desmantelando a la actual plantilla del equipo decano de la ciudad de Sevilla, sino incluso atreviéndose a poner el precio de las supuestas operaciones.
Afortunadamente para todos los sevillistas, este Sevilla FC no se parece en nada a aquel otro que “regalaba” a sus mejores futbolistas hace sólo unos años. Aquí ahora no sólo no nos tiembla el pulso cuando se habla de grandes cantidades de dinero, sino que no consentimos que nadie nos tome el pelo. Ahora somos grandes y nos respetan, o nos respetan porque somos grandes que para el caso es lo mismo. Ya no vienen de pesca a Nervión como el que se levanta un domingo a comprar la prensa, ahora necesitan de los distintos medios mediáticos para tratar de saber por dónde pueden entrarnos.
Me da la risa, porque por el único sitio que podrán entrar será por la puerta. pero nunca antes de que esta sea abierta. Además, cuando esto suceda no les quedará otra que pasar por caja y pagar hasta el último euro del precio fijado, pero repito, como y cuando el Sevilla FC lo diga. Ahora bien, el que no quiera esperar y tenga interés por adelantar sus compras veraniegas en el club más grande de todos los tiempos del sur de España, ya puede hacerlo: Los cordones de las botas que ayer en Mallorca lograban un auténtico golazo cuestan sólo 25 millones de euros.
¿Prepotencia?, ni mucho menos, y más si tenemos en cuenta que la bota que golpeaba ese balón de un gol para enmarcar era 'la mala'.
Nacho Mateos |