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Miércoles, 24 de Marzo de 2010 00:41 |
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Por si quedaba alguna duda, el Sevilla pegó el enésimo petardazo empatando ante el colista en el último suspiro del partido. A este ritmo, la Champions es una auténtica quimera, y la Uefa, un objetivo complicado.
Durante muchos años, Del Nido, su junta gestora, Monchi, la dirección deportiva, se afanó en construir un juguete de última generación, de grandes prestaciones, envidia del resto de chicos de la primera división.
Hasta que Del Nido puso el juguete en manos de un novato sin experiencia en su manejo, que lo hizo funcionar en un principio por las rémoras del pasado de sus anteriores dueños, pero que ha terminado por romperlo definitivamente.
A estas alturas de la pelÃcula, la única pregunta es cuando. Cuando se producirá el relevo del propietario de este juguete.
Un equipo roto fÃsicamente, al que las lesiones acucian como una plaga de termitas. Mala gestión de los recursos, ¿mala preparación fÃsica?. Un equipo que ya no juega a nada, aburrido de aburrirse a si mismo. Cracks que navegan en la más absouta mediocridad mirando con nostalgia esos tiempos pasados que, vaya si fueron mejores.
En el horizonte, nubes negras. Nada parece que vaya a cambiar. No hay, o no se quiere ver alternativa a corto plazo. Si no se corta esta hemorragia, la muerte deportiva en una temporada que debÃa ser de ensueño está próxima a llegar.
Si el enfermo muere, será culpa de quien no puso remedio cuando todavÃa lo habÃa.
Y entre todo esto, por encima de todos ellos, como siempre, la afición. Entregada a un equipo que hace mucho que no le devuelve ni la décima parte, y despidiendo el terrible acto vivido esta noche con casi absoluta indiferencia. Y eso, la indiferencia que a estas alturas produce el equipo, es el peor de los sÃntomas de este enfermo. |