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Silvio Fernández Melgarejo, músico, nació en La Roda de AndalucÃa (Sevilla) en 1945 y falleció en Sevilla el 1 de octubre de 2001. Genio a su pesar, irrepetible, filósofo de la madrugada, pura intuición, mito antes de que el tiempo cumpliera con su leyenda. Murió Silvio Fernández Melgarejo, Silvio, el rockero andaluz que se bebió la vida, de un trago que le ha durado 56 años, y por cuyas venas corrÃa una sangre con sabor de alcohol a ritmo de swing.
Forma parte de la historia del rock con un sesgo propio, porque era el rey para los que le conocieron y aprendieron de sus improvisaciones en el escenario y de su idioma surrealista. En su entierro en el cementerio de San Fernando de Sevilla, la ciudad que lo adoró y que también lo olvidó, como hace con sus hijos malditos, estuvieron todos los que formaron parte alguna vez de su azarosa biografÃa de bohemio con corbata: Pive Amador, amigo y compañero de 'charlas filosóficas que terminaban en canciones'; Kiko Veneno; Luz Casal, que dijo de él que era lo más parecido a Dios que habÃa visto; Raimundo Amador; Gualberto; Jesús Quintero, El Loco de la Colina, que lo convirtió en uno de los personajes más lúcidos de su galerÃa de raros y perros verdes, o el productor musical Ricardo Pachón que comentó: 'Estamos enterrando a alguien inmortal y deberÃamos bebernos litros de Cruzcampo y cantar la Ragazza del elevatore, porque él vivió la vida como una fiesta permanente'. Este rockero maldito y genio a su pesar no quiso nunca ni el dinero ni la fama, de ahà que se le conozca poco fuera de los circuitos de los profesionales de la música. Se casó con una rica heredera británica con la que duró poco. Lo justo para gastarse el dinero y tener un hijo. 'Si Silvio quisiera, todos nos harÃamos millonarios', solÃan decir los músicos que tocaban con él al ver cómo, empapadas las vÃsceras de alcohol, se caÃa del escenario o seguÃa cantando sin el micrófono mientras la multitud le aclamaba, a pesar de todo. Su discografÃa incluye tÃtulos como Al Este del Edén, Barra Libre, FantasÃa Occidental, En misa y repicando y Africa from Manchester.DecÃan de él que más que compositor era un inspirador de canciones.Pive Amador confesaba que era el Platón de este Sócrates irrepetible, 'porque anotaba en servilletas las canciones que él inspiraba'. En sus últimos años, cayó en la soledad y casi el olvido, aunque en Madrid le dedicaron un homenaje en La Boca del Lobo con un significativo tÃtulo de su carga de Ãdolo y tótem sagrado: Solemne Quinario de besamanos a Silvio |
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