¡A las armas!

 en Historia del Sevilla FC

No crean que la cosa comenzó hace unos años. Comenzó nada más y nada menos que en 1890 en el primer partido conocido sobre suelo español entre el Sevilla FC y el Huelva Recreation, un jugador sevillano y sevillista –Enrique Welton- cayó en redondo por una patada en el estómago que le propinó el onubense Pepe García.

Welton perdió el sentido por el golpe y su madre, Doña Josefa Niño, como una fiera, se tiró al campo para corretear a García con el abanico para estrellárselo en la cabeza. Se pueden imaginar la situación de ese hombre corriendo delante de esa mujer, mientras todos los demás jugadores, atónitos, observaban con la boca abierta lo que estaba ocurriendo. A Doña Josefa Niño, su niño, no lo tocaba nadie.

No piensen que era fácil a principios del siglo pasado ponerse en “paños menores” a corretear detrás de una pelota, donde muchos se paraban para mofarse de aquellos locos. Pero eso sí, aún en “paños menores”, algunos no se quitaban la pajarita o la corbata y el cinturón ni locos, el protocolo debía cumplirse y eran todos unos caballeros. Muchas veces los niños que por allí pasaban comenzaban a tirarles piedras. Imagínense la situación y la moral que debían echarles aquellos pioneros de nuestro club.

Las porterías eran de “quita y pon” y los jugadores debían cargar con los palos para que no se los robasen. No existía el larguero tal y como hoy lo conocemos y se ponía una guita entre poste y poste que muchas veces tenía una altura u otra, dependiendo de la estatura del portero.
El árbitro iba vestido con traje y sombrero y por supuesto llevaba sus zapatos de calle. Como pueden ver, un ropaje de lo “más comodo”. Su nombre no era “árbitro” sino “referee”, a los goles se le llamaban “goals”, algunas crónicas de la época llamaban a los partidos “partidas” o “match” y era un “sport” de nombre raro que algunos periodistas sin documentarse mucho llamaron “Pootball”.

En los albores de 1914, los por aquellos años abundantísimos derbis sevillanos entre el Sevilla FC y el Betis, eran habitualmente partidos jugados sobre un campo de batalla, donde solo faltaron los mosquetones y las trincheras para terminar de escenificar la guerra entre ambos.

Era muy habitual en los porteros de las primeras decenas del siglo pasado, además de los bártulos habituales propios de un guardameta, llevar una silla para sentarse junto a la portería a esperar mientras su equipo atacaba, reincorporándose al ver como se acercaba a su meta el equipo contrario. Cosa totalmente inconcebible hoy en día, pero así era habitualmente en algunos porteros de la época.
Una anécdota curiosa ocurrió en un partido llamado de la “Copa violetero”, (otro día escribiremos sobre lo que ocurrió con esta copa), donde el portero sevillista, Valenzuela, sufre una fuerte entrada del jugador bético Carmelo Navarro, jugador que hacía muchas cosas de este tipo.

Los periodistas recogieron como Pootball el deporte practicado

Valenzuela estuvo un buen rato doliéndose en el suelo y cuando se reincorporó fue a la portería a por la silla que asió fuertemente para estrellársela a Carmelo. De no mediar otros jugadores, habría ido a parar a su cabeza irremisiblemente.

Pero Carmelo no salió muy bien parado, puesto que otro jugador, Currito Illana, se abalanzó sobre él dándole de golpes. El público invadió el campo, por lo que se pueden ustedes imaginar la que allí se lió.

Ya en 1915, el Sevilla FC viaja a Madrid para enfrentarse al Madrid CF, (todavía no era Real Madrid). Parece ser que el equipo madrileño le endosaba “un saco” de goles al Sevilla, ante lo cual, ya avanzado el encuentro el jugador sevillista “niño Vega” paró el partido, cogió la pelota la puso en el centro y dijo: “…un momento… que aquí hemos venido a jugar todos, no solo ustedes…” ante lo cual, los jugadores de ambos bandos que lo oyeron y parte del público explotaron en una atronadora carcajada.

Otras cuestiones a contar sobrepasan lo anecdótico, como la de la cuchillada que Pérez, jugador sevillista, recibió en el partido previo del famoso 22-0 por parte de algún aficionado bético, que llevó a toda la historia que muchos de ustedes ya conocen.

Carlos Romero
www.lapalanganamecanica.com

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