Crying Juande

 en Draco

Era el mejor en su trabajo. Absolutamente letal, bestialmente mortal, rápido, silencioso y ¿despiadado?. Bueno, es aquí donde entra en juego el porqué de su apodo: crying freeman. Resulta que Hinomura, pese a ser el más efectivo asesino que dicha organización jamás había conocido, tenía una particularidad sobre el resto de sus ‘compañeros de profesión’, y es que, cada vez que cometía uno de sus asesinatos no podía reprimir sus lágrimas al comprobar lo terrible de sus actos.

El problema radicaba en que no sabía hacer otra cosa, en que había nacido para esto, donde era absolutamente insuperable, pero no por ello dejaba de ser consciente de la atrocidad de sus hechos.

Y fue precisamente este sentimiento de sensibilidad que radicaba en lo más profundo de su corazón el que le llevó a enamorarse de la que tenía que haber sido una más de sus muchas víctimas, la bella Emu O’hara. Y fue de esta manera como comenzó su lucha por liberarse del yugo de la organización mafiosa a la que siempre había pertenecido, para poder pasar el resto de sus días con la mujer a la que amaba.

Y así, partiendo de esta singular historia es como llegamos a la realidad actual de nuestros días, a la bella ciudad de Sevilla, al mágico equipo de fútbol que abandera su nombre y a aquella persona que, desde el banquillo del mismo, había conseguido llevar a este conjunto a lograr las más altas cotas de éxitos en toda su centenaria historia.

Respondía al nombre de Juan de la Cruz Ramos Cano, y decían de él que era el mejor en lo que hacía, que si le daban una oportunidad y le dejaban trabajar, era capaz de conseguir éxitos absolutamente insospechados en un principio.

Cuando en el verano de 2005 el Sevilla FC le dio la oportunidad de su vida se mostró dispuesto a no desaprovecharla, y a demostrar que era uno de los mejores en su trabajo, si no el mejor. Y así, poco a poco, consiguió, junto a su primera plantilla, triunfo tras triunfo, éxito tras éxito, victoria tras victoria, título tras título.

Pero, sin embargo, había algo en su mirada, en su semblante, que llamaba siempre poderosamente la atención: su inexpresividad. Parecía casi inmutable a los consecutivos éxitos que, bajo su batuta, iba consiguiendo el Mejor Equipo del Sur de España. La masa le vitoreaba, le animaba, le agasajaba, pero él seguía con su mirada fría, con su imperturbable gesto, haciendo gala, al igual que lo hacía Hinomura, de esta particularidad sobre el resto de sus ‘compañeros de profesión’.

Y así, llegó el día en que, desde tierras británicas, le ofrecieron una importantísima suma de dinero por dejar abandonado al equipo, a la afición, y a la ciudad que le había cambiado la vida. Y de esta manera, con la misma frialdad con la que siempre había gestionado sus triunfos, sin mediar siquiera unas breves y sentidas palabras de despedida, se giró, dándose la vuelta, y enfiló, con el mismo gesto con el que, hacía algo más de dos años, arribó al Sevilla FC, la puerta de salida de la entidad nervionense.

Y es aquí donde convergen, donde confluyen, ambas historias, pues resulta tremendamente curioso que uno sea (aunque fuera en la ficción) un profesional del asesinato a sangre fría, y el otro un mero entrenador de fútbol. Resulta curioso que uno fuera sesgando vida tras vida y el otro se encargara de alegrar la de miles de personas. Resulta curioso que uno, al mirar sus manos, las soliera ver llenas de sangre, mientras que el otro las veía llenas de títulos. Pero resulta curioso, en definitiva, y sobremanera, que, en el fondo, el bueno de Yo Hinomura acabara resultando ser más humano en sus sentimientos que el frío de Juande Ramos.

Y es que, realmente, Juande nunca lloró con los triunfos del Sevilla FC. El no era, ni podrá ser nunca, Crying Juande.

Eso que ganamos.

Draco – HastaLaMuerte.NeT

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