El León indomable no era camerunés

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Pero, sin duda alguna, si hay alguien que no tiene rivales en esto de los motes ese es el continente africano. Porque no me negarán que eso de que Nigeria sea conocida como “Las Súper Águilas ó Águilas Verdes” no queda impactante; y que me dicen de esa selección Costa-Marfileña sobrenombrada “Los Elefantes”, aplastante; y todo eso, por supuesto, sin dejar de lado jamás a los pioneros en todo esto como es la selección de Camerún y sus “Leones Indomables”.

Aunque claro, en honor a la verdad, no se yo si ese sobrenombre que se le asigna a los futbolistas cameruneses se ajusta, realmente, a la verdadera realidad. Es más, quizás deberíamos acercarnos a la gaditana localidad de San Fernando, allá por mediados del mes de septiembre de 1968 para comprobar donde tuvo lugar el nacimiento del león original.

Predestinado casi desde su nacimiento a triunfar en el Sevilla FC, no iba a ser, sin embargo, de Guardameta como iba a lograrlo Ramón Rodríguez Verdejo, “Monchi” para todos, y para siempre.

Su carrera deportiva en el Sevilla FC, a pie de campo me refiero, nunca fue fácil. Siempre partía con la vitola de eterno portero suplente, aunque, al final, casi siempre terminaba jugando muchos encuentros. A principios de los noventa fue incluso víctima semanal de las parodias del programa “Al Ataque”, conducido por el ínclito Alfonso Arús, donde le reflejaban como un portero cuasi-calamitoso.

No obstante, incluso como guardameta le reservaba el destino su particular momento de gloria en la vuelta de aquella inolvidable promoción de ascenso a Primera División de la temporada 98/99 ante el Villarreal, donde hizo méritos más que sobrados para ganarse su pequeño hueco en la historia sevillista.

Pero la diferencia de Monchi la iba a marcar su carácter de estudioso, pues paralelamente a su carrera de banquillo, obtuvo la Licenciatura en Derecho, llegando incluso a plantearse ejercer como abogado tras su retiro a inicios de la temporada 99/00, lo que descartó cuando le ofrecieron un puesto como delegado del club de toda su vida. Y esa decisión, de unos y de otro, iba a marcar sobremanera el futuro de la propia entidad sevillista.

Un tiempo después de su nombramiento como delegado le ascendieron al puesto de Director Deportivo para mejorar la maltrecha política de fichajes que había llevado de nuevo al club sevillista al pozo de la Segunda División y, lo que era aún más preocupante, a una delicadísima situación financiera.

Pero ahí comenzaría a labrase la leyenda de Monchi, ese mago de los despachos capaz de ver las oportunidades que brindaba el mercado donde otros tan solo veían productos poco atractivos. Así llegarían la primera gran hornada de futbolistas a coste cero, o casi, como los Antonio Notario, Pablo Alfaro, David Castedo, o Javi Casquero, por citar tan solo a algunos de los más significativos.

Así se comenzarían a poner las bases de una plantilla que cada año iba a ser más sólida que la anterior. Vendrían más jugadores a bajo, o nulo, coste, como Javi Navarro, Moisés, Tomás o Toedtli, y se comenzaría con una potenciación de la cantera como hacía muchos años que no se veía por estos lares.

Pasaría algún año más y comenzaría la expansión ojeadora por latitudes sudamericanas, donde el gran Monchi iba a explotar, definitivamente, como el Director Deportivo con más ojo del momento. Fruto de ello serían las llegadas del inconmensurable Dani Alves, Julio Baptista o Adriano Correia.

Y así, poco a poco, la plantilla sevillista comenzó a albergar un potencial nunca antes imaginado. Pero Monchi no lo tenía fácil, y la todavía insuficientemente poderosa economía sevillista impidió que jugadores de la talla de Van Persie, Fred, Kallstrom o Suazo, vistieran la elástica sevillista. Incluso otros como los incipientes Zlatan Ibrahimovic del Ajax o Didier Drogba del Marsella nunca estuvieron al alcance de las arcas del Sevilla, aunque sí de los ojos aventajados de Monchi.

Pero no todo iban a ser frustraciones, pues consiguió traerse para nuestro equipo a futbolistas de la talla de Kanoute (cuasi-defenestrado en los Spurs), Luís Fabiano (sin suerte en Europa), Escudé (cada vez con menos minutos en el Ajax), o Dragutinovic (perdido en el fútbol belga).

Y, por supuesto, claro que comentaré que también ha tenido sus fallos, como todos, porque es humano, porque nadie es perfecto, porque si fuera 100% infalible ya no sería el mejor Director Deportivo del mundo, sino algo semi-cercano a un extraterrestre.

Pero, incluso con sus fallos en algunas contrataciones, me voy a permitir alegar en su favor un atenuante muy poderoso, y es que, en el fútbol, al fin y al cabo, y como bien se encarga de repetir el bueno de Monchi una y otra vez, los jugadores, antes que futbolistas son personas y eso le aporta a sus contrataciones un plus de incertidumbre que casi nadie es capaz de prever.

Porque yo mismo hubiera firmado la contratación del solidísimo Khalid Boulahrouz del Hamburgo que enamoró al Chelsea, o al despiadado matador que era el Ernesto Javier Chevantón del Lecce, y, por supuesto a ese Andreas Hinkel que era un auténtico titán en la banda derecha del Stuttgart, por citar a algunos de los ejemplos de futbolistas más recientes que no han conseguido triunfar como sevillistas.

Y por todo esto, por esa confianza ciega que me genera Monchi y todo su equipo de trabajo estoy seguro de que Konko galopará por la banda derecha como nunca antes habíamos visto, estoy convencido de que Romaric cerrará el centro del campo con una solidez nunca antes apreciada en nuestro estadio, estoy tranquilo con la serenidad que va a aportar Fernando Navarro a nuestra banda izquierda, y no me cabe duda de que con Acosta estamos asistiendo al descubrimiento de una nueva estrella del fútbol mundial. Y, además, no tengo ninguna preocupación por quien va a ser finalmente el hombre encargado de cerrar el centro de nuestra defensa, porque sé que en Monchi se puede confiar.

Y si después alguno de ellos no consigue cuajar como en un primer momento se hubiera esperado, no creo que ello me reste ni un ápice de confianza en la persona que, con su capacidad de trabajo y su ojo clínico, consiguió dotar de un patrimonio futbolístico al Sevilla FC que salvó, por su excelente gestión, al económico, y, quizás, a la propia entidad.

Nunca seré capaz de agradecerle a Monchi lo suficiente todo lo que ha hecho por el equipo de mis amores y que, afortunadamente, también es el suyo.

Y, si algún día, porque todo llega en esta vida, se separasen los caminos del Sevilla FC y de su actual Director Deportivo, que no se preocupe nadie, porque aquí estaré yo para contarle al mundo cómo un currante salvó de la mediocridad deportiva al Mejor Equipo del Mundo, y aclararles que, el verdadero León Indomable no nació en Camerún sino la gaditana localidad de San Fernando.

Draco – HastaLaMuerte.NeT

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