
Matías Almeyda está preparado para afrontar una nueva etapa trascendental en su carrera deportiva, esta vez al frente del banquillo del Sevilla FC, un club al que conoce bien y con el que guarda una historia de contrastes y emociones. Según informaciones procedentes de Argentina, el entrenador argentino ha alcanzado un acuerdo con la entidad nervionense hasta el año 2028, un movimiento que confirma la voluntad del club por iniciar un proyecto de renovación ambicioso, con un técnico que aúna experiencia, liderazgo y una marcada identidad táctica.
Tras la negativa de Imanol Alguacil, primer objetivo de la dirección deportiva, el Sevilla centró sus esfuerzos en Almeyda, quien ha sido objeto de interés por parte de otros clubes europeos e incluso árabes, pero que ha priorizado el regreso a un club donde vivió uno de los capítulos más difíciles de su carrera como jugador. Aquel verano de 1996, rechazó al Real Madrid para fichar por el Sevilla, procedente de River Plate y recién coronado como campeón de la Copa Libertadores. El traspaso fue histórico, ascendiendo a 9.360.000 dólares, una cifra récord para el fútbol argentino en aquel entonces, incluso superior a la que el FC Barcelona pagó por Diego Armando Maradona en 1982.
En lo futbolístico, Almeyda destacó por su garra, técnica y carácter, aunque su paso como jugador sevillista quedó marcado por el descenso del equipo en una temporada convulsa. Ahora, regresa para saldar esa cuenta pendiente, con la madurez de los años y una sólida trayectoria como técnico a sus espaldas. Desde su debut como entrenador en River Plate en 2011, ha dirigido a clubes como Banfield, Chivas de Guadalajara, San Jose Earthquakes y AEK de Atenas, acumulando nueve títulos, ascensos memorables y una reputación creciente en el fútbol internacional.
El estilo de Almeyda es ofensivo, dinámico y valiente, inspirado en su gran referente, Marcelo Bielsa. Sus equipos se caracterizan por una posesión inteligente, presión alta y una enorme intensidad física y emocional. Pero más allá de lo táctico, Almeyda ha demostrado ser un gestor de grupos excepcional, capaz de crear ambientes positivos y comprometidos. “Creo en el grupo antes que en la táctica y la estrategia. Si el grupo no tiene humildad, unión o no escucha, es imposible lograr algo”, declaró en una entrevista reciente a The Coaches' Voice.
Su llegada al Sevilla no es solo una apuesta deportiva, sino también simbólica. Encarna el deseo de reinvención de un club que ha atravesado años complejos, con cambios constantes en el banquillo, una plantilla inestable y una desconexión con parte de su afición. Almeyda representa pasión, compromiso y una segunda oportunidad, tanto para él como para el club. La dirección deportiva, encabezada por Antonio Cordón, confía en que su liderazgo revitalice al equipo y devuelva al Sevilla a la élite del fútbol nacional e internacional.
Además, su vínculo emocional con Nervión puede jugar un papel determinante en su motivación personal. Pocos entrenadores llegan a un banquillo con una historia previa tan cargada de significado, y eso puede ser un motor poderoso. El sevillismo, siempre exigente, valorará ese compromiso y esa conexión profunda si se traduce en resultados y en un estilo de juego reconocible.
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